sábado, 23 de agosto de 2008

nota en suplemento Las12, de Pagina 12





por Moira Soto aquí

El varón no nace, se hace

Por fin. Tres personajes masculinos en escena develando, precisando tradicionales disfraces de la virilidad universal y local, esa forma de encorsetamiento que –tantas veces lo señalaron las teorías feministas– ha ceñido y enajenado desparejamente a las mujeres y a los varones (por más que los segundos, patriarcado de por medio, se hayan atribuido un lugar de superioridad y obvios privilegios). En Lote 77, la sorprendente pieza con dramaturgia de Marcelo Mininno, actualmente en cartel, se investiga con valiente sinceridad las causas del malestar masculino relacionado con las ideas recibidas, las presiones de otros integrantes de ese colectivo (en particular, la figura autoritaria del padre que exige que su hijo repita al pie de la letra un esquema obsoleto), la imposición de estructurarse y actuar como un hombre recio, duro por fuera y por dentro.

Una mochila agobiante que De Andrea, López y Ferreiro han cargado de maneras distintas. Tres compañeros de colegio nacidos en fechas aciagas para la Argentina, como lo recuerda el título de esta obra con un entramado de tapiz donde se van perfilando los personajes, sus respectivas historias, sus rasgos más personales, sus conductas, mientras que el tejido va adquiriendo relieve, color y espesor. Hay un doble paralelismo en el desarrollo de Lote 77: el discurrir alternado de los tres protagonistas acerca de su propia vida, que nunca es lineal (cada uno completa o modifica las palabras o las acciones de otro), y como intertexto, Ferreiro, De Andrea y López van trazando una correspondencia con el destino que sufre el ganado bovino macho, dividido entre muchos novillos y pocos toros. Con ecos de una composición musical (se podría asociar con el Bolero de Ravel, por ejemplo), Lote 77 se va desplegando con un ritmo obstinado, obsesivo, en constante crescendo, con variaciones sobre un mismo tema y una instrumentación cada vez más rica que les va confiriendo sentido a esos gestos rituales repetidos, a esos flashes de la memoria individual y colectiva, a esas visiones de un futuro donde alguno seguirá fingiendo con la armadura de la virilidad oxidada. Desde luego, sin advertir que la época de los cazadores quedó muy atrás y que estamos hace rato en la de los criadores de ganado que también criaron a sus hijos como ganado, marcados por un rol estereotipado que estigmatiza al que se sale del redil. Una forma de mantener la limpieza étnica que ya empezó a resquebrajarse.

Lote 77 es el movilizador resultado de más de un año de trabajo llevado a cabo por Mininno y sus meritorios intérpretes (Andrés D’Adamo, Lautaro Delgado y Rodrigo González Garillo). “Al principio, todo era intuición y profundas preguntas personales que invité a mis actores a hacérselas en un espacio escénico”, dice el dramaturgo, director y escenógrafo de esta ópera prima muy elogiada por la crítica, sin duda uno de los acontecimientos teatrales del año. Mininno nació en Salto, provincia de Buenos Aires, donde cursó la primaria y la secundaria a la vez que realizaba trabajos ganaderos acompañando a su padre (y buscando su mirada de aprobación). Entonces, tuvo la vivencia directa de la cría del ternero, destetado a los nueve meses y castrado antes de ponerlo a engordar para ser vendido y faenado. Pero no todos los terneros van a muere cebados y capados: algunos animales son apartados y quedan como “toritos” para servir a las terneras primerizas o a las vacas: “Pobre destino el del animal: o ser una especie de macho semental procreador o resignarse a la tarea de comer para ser alimento de la mano que lo capó...”

Marcelo Mininno reconoce que el hombre actual ha perdido ese rol de suministrar alimentos y asegurar el refugio, que se basó en su mayor fuerza muscular: “La mujer ha sabido hacerse cargo y el hombre necesita reformularse. ¿Cómo pensar la nueva relación hombre/mujer y transitar esa incertidumbre? ¿Dónde situar –si es esto factible– lo inherente o exclusivo del varón? ¿Es posible especularse por fuera de los propios mandatos? ¿Cuáles son las marcas heredadas que filtran su identidad? ¿Dónde ubicar las fronteras entre lo natural y lo cultural?”

Preguntas que también surgen de la obra desde una actitud de inconfortable honestidad, dejando ver el hondo desgarramiento de estos hombres, aceptando el agotamiento del modelo machista, sexista, homófobo. Mininno es auxiliar de la carrera de Formación del Actor del EMAD (de donde egresó en 1998, premiado por haber obtenido el mayor promedio de la carrera). Y acaso los cuestionamientos que se atrevió a enfrentar en su primera obra (donde también hace reemplazos como actor, si hace falta) tengan bastante que ver con ese primer oficio de intérprete que lo llevó a desbloquearse corporalmente, a tener mayor plasticidad, probablemente a descubrir los tics e impostaciones de la masculinidad más acendrada... “Podría pensarse que la pieza propone un enfoque crítico agudo de la construcción del varón –concluye MM–. Atendiendo, claro a los lineamientos de la construcción de género, Para mí, los personajes son tres hombres, tres compañeros, tres niños... Tres cuerpos que afrontan la vida y transitaron los últimos 30 años de este país. Una mirada, un gesto apenas, una caudal de verdades que habitualmente el hombre parece callar y que nosotros intentamos exponer. Un complejo juego escénico que entreteje la realidad y elige no castrar el natural desarrollo de los hombres.”

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